Skip to main content

La viguesa de 33 años Aida Díez está consiguiendo hacerse un hueco en el mundo de las ciencias gracias a su esfuerzo. El pasado verano le concedieron la beca Ramón y Cajal, que garantiza un contrato indefinido para investigadores, siendo la premiada gallega más joven de la convocatoria.

Pasión y juventud en la química.

De pequeña, lo que le llamaba la atención era la pediatría. Quién sabe si de haber seguido ese camino Aida Díez (1991) hubiera llegado a ser la viguesa más joven en obtener la prestigiosa beca Ramón y Cajal este 2024. Química de formación y científica por pasión, esta joven investigadora ha logrado consolidar su carrera en un mundo altamente competitivo, todo mientras trabaja en proyectos innovadores que podrían transformar el tratamiento de aguas residuales y la producción de energía sostenible.

«De niña decía que quería ser pediatra, aunqueni siquiera podía pronunciar la palabra. Luego me di cuenta de que ni me gustaban los niños ni los médicos», confiesa risueña Díez. El giro hacia la química se dio en tercero de ESO, cuando descubrió su fascinación por la formulación química y la molaridad. Desde entonces, supo que su futuro estaba en los laboratorios. Contra las dudas de quienes le advertían sobre las pocas salidas laborales, ella siempre respondía con cierta retranca: «Pues tendré que ser la mejor».

Graduada en la primera promoción del Grado en Química de la Universidad de Vigo, Díez decidió cursar un máster en Ingeniería Química para ampliar sus opciones laborales. Fue durante este periodo cuando conoció a Marta Pazos y Ángeles Sanromán, quienes le ofrecieron un puesto en un proyecto de investigación. «Al principio, mi idea era estar tres meses y seguir buscando algo más en mi línea. Pero el laboratorio me encantó y ellas también», recuerda.

Este inicio marcó el comienzo de una carrera de más de diez años en la investigación, durante los cuales Díez completó su doctorado y amplió su formación con una estancia en el International Iberian Nanotechnology Laboratory (INL) en Braga, Portugal. Allí profundizó en procesos de generación de hidrógeno, una tecnología clave para el desarrollo de energías renovables.

La labor investigadora de Díez se centra en dos grandes áreas: el tratamiento de aguas residuales mediante procesos de oxidación avanzada y la producción sostenible de hidrógeno como vector
energético. En el primer caso, trabaja en el diseño de catalizadores y absorbentes capaces de eliminar contaminantes como pesticidas, fármacos y microplásticos. «Intentamos que estos procesos
sean más eficientes, rápidos y económicos para que puedan aplicarse en la industria», explica.

Su colaboración con la estación de tratamiento de aguas residuales de Tui es un ejemplo de cómo su investigación trasciende el laboratorio. «Vamos allí, recogemos muestras de agua residual y probamos nuestros procesos en condiciones reales», comenta. Estos esfuerzos buscan no solo cumplir con la legislación ambiental, sino también garantizar soluciones sostenibles y escalables.

En el campo de la energía, Díez trabaja en reducir el coste energético de dividir la molécula de agua para producir hidrógeno. «El hidrógeno es un vector energético con mucho potencial porque no
depende de las condiciones climáticas. Puedes producirlo cuando quieras si tienes la energía suficiente», destaca.

A pesar de su pasión por la investigación, Díez reconoce los retos de construir una carrera en este ámbito. «Es un sistema muy competitivo; hay pocas becas y muchas personas cualificadas. Durante años he trabajado con contratos de corta duración, lo que dificulta planificar tu vida personal», señala.

Beca Ramón y Cajal

La concesión de la beca Ramón y Cajal marcó un antes y un después. Este programa, además de reconocer la excelencia investigadora, incluye un contrato indefinido que garantiza estabilidad laboral.

Díez investiga sobre gestión de aguas y la producción sostenible de hidrógeno.

«Cuando firmé y vi la palabra ‘indefinido’, lloré muchísimo. Después de tantos años de incertidumbre, fue como un sueño hecho realidad», confiesa emocionada. El anuncio de la concesión fue el pasado verano, pero hasta mediados de diciembre no firmó el contrato. «No pensaba que me la fueran a dar, porque aunque para mi edad creo que tengo un buen currículum, nunca imaginaba competir con gente que lleva muchos más años que yo en la investigación», aclara. La viguesa no tenía mucho optimismo, pero como ella misma reconoce que se «apunta a todo», probó suerte, y su trabajo habla por si mismo. De las 45 becas, a nivel nacional, que se conceden al ámbito de Ciencias y Tecnologías Medioambientales, Díez quedó de novena. Porque la química viguesa no
solo ha demostrado su talento y compromiso en el ámbito científico, sino que también ha sabido enfrentar los obstáculos con determinación y entusiasmo. Su historia es un testimonio
del poder de la perseverancia en un entorno donde la competencia es feroz y los recursos son limitados. «Siempre he pensado que el esfuerzo y la constancia dan frutos. Si algo te apasiona, merece
la pena luchar por ello, pero es complicado balancear la vida profesional y laboral», afirma.

Los Contratos Ramón y Cajal promueven la incorporación en organismos de investigación de personal investigador, tanto español como extranjero, con una trayectoria destacada con el fin de
que adquieran las competencias y capacidades que les permitan obtener un puesto de carácter estable en un organismo de investigación del Sistema Español de Ciencia, Tecnología y de Innovación. Además, destaca Díez, la UVigo «se compromete a contratarnos en cinco años, por lo que esta beca implica la tranquilidad alargo plazo».

Actualmente, Díez trabaja en el Centro de Investigación en Tecnnologías, Energía y Procesos Industriales de la Universidad de Vigo (CINTECX). Desde allí, sigue explorando soluciones innovadoras para algunos de los grandes retos medioambientales y energéticos del presente y el futuro. ¿Su objetivo? Generar un impacto positivo a través de la ciencia.

Fuente: Faro de Vigo